Publicación del lunes 20 de noviembre de 2000
XC aniversario de la Revolución
Vicisitudes de la educación nacional
Por Freddy J. ESPADAS SOSA
El Constituyente y la educación nacional
El esfuerzo educativo, prácticamente interrumpido por la Revolución y la guerra civil que asoló al país, sólo pudo ser reemprendido, no sin grandes dificultades, con el ascenso y dominio hegemónico de la facción constitucionalista, liderada por don Venustiano Carranza.
El rumbo fundamental en el ámbito de la educación sólo se marcará cuando los constitucionalistas impulsan un gran debate nacional cuyos resultados habrían de darle al país la estructura de un nuevo Estado políticamente centralizado. Los logros alcanzados por el Constituyente de 1916-1917 —al pactar y condensar en una nueva Carta Magna las más importantes demandas sociales acrisoladas en toda la lucha revolucionaria— le permitieron al país transitar, no sin sobresaltos posteriores, por un proceso de institucionalización de su vida económica, política, social y cultural.
Los debates que adquirieron mayor importancia en el Constituyente de Querétaro fueron los relativos a la educación y a las cuestiones laborales, religiosas y agrarias. Resaltando este aspecto, el Gral. Múgica señalaba en la sesión del 3 de diciembre de 1916: "Estamos en el momento más sobresaliente de la revolución...ningún momento, señores, de los que la revolución ha pasado, ha sido tan grande, tan palpitante, tan solemne como el momento en que el Congreso Constituyente aquí reunido trata de discutir el artículo 3§. de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos...se trata nada menos que del porvenir de la patria, del porvenir de nuestra juventud, del porvenir de nuestra niñez, del porvenir de nuestra alma máter, que debe engendrarse en principios netamente nacionales y en principios netamente progresistas...".
Con la aprobación del artículo Tercero, la Revolución moldea una nueva escuela mexicana, de acuerdo con las tendencias que la significaron: carácter laico y nacional; gratuidad; responsabilidad del Estado.
En materia educativa, con base en la Constitución de 1917, Carranza se propuso dar prestigio, responsabilidad y fuerza a los Ayuntamientos, y el 28 de febrero de ese año les entregó las riendas para dirigir la educación, aunque los resultados fueron desastrosos, ya que el municipio se había vuelto botín de caciques, jefes de armas y políticos locales, quienes sustraían considerables recursos económicos. La Secretaría de Instrucción y Bellas Artes fue suprimida por la Ley de Secretarías de Estado del 13 de abril de 1917.
No obstante estos serios desatinos, las preocupaciones educativas de Carranza pueden apreciarse cuando el 15 de abril de 1917 informa al Congreso de la Unión que "a pesar de los trastornos que naturalmente se originan de un período tan largo de guerra como el que hemos sufrido, se ha tomado el mayor empeño en conservar abiertos y dedicados al servicio público el mayor número de establecimientos oficiales que ha sido posible, creando cuantos más establecimientos nuevos se ha podido para ofrecer mejores oportunidades educativas a toda la población escolar".
En otro informe, Carranza refiere que "los Ayuntamientos han recibido las escuelas elementales, superiores nocturnas y jardines de niños", reconociendo dos años después que a pesar de que los Ayuntamientos tienen a cargo la Instrucción Primaria, de conformidad con la Ley de 13 de abril de 1917, éstos "no han logrado aumentar el número de escuelas, según las necesidades de la población actual, ni sostener las que se hallan abiertas y por ello el Gobierno se ha preocupado de fomentar la iniciativa privada, ayudando al establecimiento de centros educativos".
La política descentralizadora del carrancismo no dio resultados positivos, pues al poco tiempo que los ayuntamientos se hicieron cargo de las escuelas primarias y jardines de niños, se demostró que estas instancias no estaban capacitadas para esta compleja tarea, ya que su administración y funcionamiento requerían de una preparación científica y pedagógica, así como de ingresos suficientes para llevar a la práctica los principios de laicidad, obligatoriedad y gratuidad. En la práctica, esta política se enfrentó a múltiples problemas como la necesidad de edificios, organización, legislación y administración.
El primer período de estabilidad en materia educativa se inicia en 1921, con el gobierno del general Obregón, quien el 1§. de septiembre de este año informaba que el Ejecutivo "ha dedicado, y continuará dedicando, atención muy preferente a la educación popular, por ser ésta la función más importante y trascendental del Poder Público, la más noble institución de los tiempos actuales, y, al propio tiempo, en alto grado fecunda para el bienestar social y económico de nuestros conciudadanos, no menos que para su mejoramiento moral y cultura cívica; pues su más amplia difusión en todos los ámbitos del país hará imposible el restablecimiento de la tiranía que por tantos años ha deshonrado nuestra historia."
El primer paso de gran trascendencia que dio el gobierno de Obregón fue la restauración de la instancia ministerial que iba de nueva cuenta a centralizar y regular, desde una perspectiva nacional, la ingente tarea educativa. Al frente de esta instancia designa a José Vasconcelos, hombre con una capacidad excepcional, gran visión y enorme energía, a lo que aunaba un auténtico deseo de que el pueblo acceda a la educación.
La SEP fue creada mediante ley de fecha 29 de septiembre de 1921. Vasconcelos había sido efímero secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes del primer gobierno de la Convención, a cargo de Eulalio Gutiérrez, del 7 de diciembre de 1914 al 15 de enero de 1915. Vasconcelos permaneció como titular de la cartera de educación en el gobierno de Obregón, del 2 de octubre de 1921 al 2 de julio de 1924. Con la creación de la SEP dio inicio una etapa trascendental que condujo a la conformación del sistema educativo nacional.— (Continuará)
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